El modelo salvaje de gran corporación con decenas de departamentos, grandes consejos de administración y grandes beneficios no es el único modelo de empresa de comunicación. La avaricia ha podrido la creatividad.

Las aguas están revueltas y hasta los viejos tiburones de la publicidad se dan cuenta que poco volverá a ser lo mismo dentro de unos años.  Desde sus despachos van viendo como se mueve la tierra bajo sus baldosas y se dan cuenta que nuevos sentimientos, deseos y anhelos van tomando forma y escapan a la lógica empresarial imperante hasta hace poco .

Trabajar haciendo lo que nos gusta y en un ambiente de colaboración con otras personas en las que cada uno va aportando su grano de arena y haciendo grande un proyecto forman parte de nuestra filosofía, nuestros deseos y nuestra forma de vivir. Y día a día vamos demostrando que es posible, que hay mucha vida más allá de las grandes estructuras y que hay formas de ser competitivos y rentables disfrutando de nuestro trabajo desde una pequeña empresa.

El reputado publicista y Joaquín Lorente (Barcelona, 1943),  fundador de la agencia MMLB, que ha llevado entre otras marcas, la imágen de  Evax, Osborne o Dodot no podía explicarlo mejor en la entrevista publicada el domingo pasado en elpais.com

 “…Yo creo que estamos entrando en una época en la que va a renacer el cooperativismo. ¿Cree que esa gente que se ha formado, conoce idiomas, ha viajado y se ha esforzado va a seguir en trabajos precarios? Yo creo que esta gente se agrupará y en vez de decir: “Voy a ser el rey de las croquetas en España”, dirá: “Haré las mejores croquetas, con el mejor embalaje y el mejor diseño”. Vamos a socializar el capitalismo. Siempre se ha hecho un cántico y alabanza a la gran empresa, y a la gente joven tan preparada les hemos preparado para la selva y pasan de esta selva.”

No podemos más que darle la razón a Joaquín Lorente en que para nosotros nuestro trabajo es una forma continua de colaboración, incompatible con la hostilidad y el enfrentamiento.  Solo nos quedaría completar su reflexión con las sabias palabras pronunciadas por nuestras abuelas cuando se les preguntaba por el secreto de sus croquetas, la respuesta, siempre era la misma; “el secreto, hijo mío,  está en hacerlas con amor”. Pues eso.

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