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La revolución tecnológica ha supuesto una democratización en el uso del dispositivo audiovisual. El cine debería ser más libre y estar menos contaminado por los intereses comerciales, pero no es del todo así. ¿Cuáles son las oportunidades y retos que tiene el cine independiente ante sí? El Brand content, el trabajo en red, reconquistar las salas de cine, el cine bajo demanda o la producción sostenible son algunos de los caminos a tener en cuenta.

A principios del 2000 un grupo de alumnos de la ESCAC creamos una revista online llamada “Preview”. Se trataba de un proyecto apasionado, pero algo ambicioso en donde arrojábamos nuestras ideas de lo que debería ser el cine.

Por aquel entonces comenzaban a generalizarse las primeras cámaras MiniDV, que, por su relación calidad/precio auguraban revolucionar el cine independiente. Así se estrenaron las primeras películas grabadas en este formato, aunque pocos, aparte de los jóvenes cineastas independientes y Werner Herzog, aplaudieron, sin miedo, esta novedad. Mi primer artículo de la desaparecida “Preview” se tituló “Exhortación al cine digital de autor” y abordaba la oportunidad que esta tecnología brindaba en favor de un acceso democrático al medio audiovisual.

Ha pasado algo más de una década, y a pesar de la sorprendente evolución tecnológica, los planteamientos y producciones cinematográficas no han prosperado de la misma medida. Si nos fijamos en el cine europeo, y español en particular, corroboraremos estar en un punto crítico. El número de producciones medias ha caído en picado, así como sus presupuestos; la “grandes producciones” se mantienen por las subvenciones, dado lo raquítico taquilla los ingresos son bajos. El cine independiente sobrevive por sus escasos costes, pero sufre los problemas de distribución que el resto pero multiplicado: las exiguas salas que funcionan están copadas por el mercado norteamericano.

Ante este panorama es necesario adaptarse e innovar. Existen vías poco explotadas aun por las productoras independientes, especialmente en España, donde llevamos cierto retraso con nuestras vecinas de la Europa septentrional.

  • Potenciando el Brand Content como fórmula de financiación. Esta práctica, cada vez más generalizada, supone la financiación de obras audiovisuales (documentales, películas, formatos televisivos) por parte de marcas que quieran vincular los valores de una obra con su marca. La aparición de la marca puede llegar a ser nula durante la obra evitando la molesta intrusión de marcas en la obra. Los límites en la vinculación de marca y obra son elásticos según la oferta y la sensibilidad y prejuicios del autor. Con audacia, y sin mover una coma del guión, podemos financiarnos por marcas que se identifique con la obra.
  • Innovando en Crowdfunding. El micromecenazgo o crowdfunding comenzó a generalizarse en nuestro país en 2010 con la aparición de las plataformas Verkami y Lanzanos. Actualmente padecen una comprensible saturación de proyectos (muchos de ellos de escaso interés) pero existen ejemplos bien diseñados que, tocando a un amplio espectro de la sociedad, han conseguido cantidades suficientes como para arrancar proyectos interesantes. La clave reside en una buena estrategia y en asumir que no todos los proyectos tendrán la respuesta esperada.
  • Desarrollando fórmulas de comunicación en Redes sociales. Las redes sociales son un escaparate perfecto para exhibirse. Dar a conocer de forma masiva un proyecto que busca financiación (crowdfounding), así como vincular a una comunidad afín, que permita una exhibición independiente de las obras una vez acabadas.
  • Reconquistando las salas de cine. Durante los festivales de cine ocurre algo fascinante: cientos de personas inundan la sala para compartir en manada la magia del cine. Esta experiencia, antaño, extrapolable a cualquier cine se ha ido tornando cada vez más desoladora por todos los males (piratería, tecnología, fragmentación del público, precio) que afligen al cine. Propuestas como el Cineciutat (link a artículo) (cine cooperativo) suponen un punto de cohesión y fidelización sin el cual es difícil que la experiencia del cine subsista. Al cineciutat se suma una interesante propuesta cuya viabilidad y éxito está por ver llamada Screenly. Esta plataforma ofrece proyecciones bajo demanda en cines. Cualquiera puede crear un evento para ver una película en un cine, promocionarlo y si hay quórum proyectar el film.
  • Redimensionando la exhibición en sala. Conviene plantearnos cual es el papel que juega el cine en la sociedad actual y asumir que la experiencia cinematográfica ya no es preponderante. No es indigno recuperar aspectos del cine primitivo, en que el cineasta viajaba a presentar su película como sigue ocurriendo en los festivales. La presencia del autor y la posibilidad de interactuar con él, es parte del atractivo de desplazarse a un cine.
  • Creando proyectos cinematográficos sostenibles al momento que vivimos, sin más elementos que los necesarios. Así como el teatro ha tenido menos prejuicios para asumir producciones renunciando a departamentos y reduciendo al mínimo sus presupuestos, en el cine todavía existe una cierta cultura de la abundancia. Podemos hacer un cine desnudo y naturalista sin renunciar a la emoción, el humor, buenas tramas o grandes personajes.
  • Confiando e incentivando que el video bajo demanda o cine de pago online como es Filmin (link a artículo filmin) en España, se consolide y se regule el acceso pirata a las obras audiovisuales. Actualmente las conexiones a Internet no son lo suficientemente potentes como para permitir visionados tan fiables como los descargados fraudulentamente de Internet. Está claro que la experiencia cinematográfica desde casa prevalece y para la supervivencia de la industria cinematográfica urge la creación de un marco legal y tecnológico que permita recuperar la inversión de las productoras.
  • La coproducción (independiente). El plan Media (link) es un excelente recurso, no sólo para incentivar la producción de películas en el marco europeo, sino para que estas se diseñen y conciban de acuerdo a un marco comunitario que trascienda los localismo y permite una explotación sin fronteras. La subvención, sin embargo, implica un procedimiento con requisitos importantes, a veces insalvables para las pequeñas productoras y es por ello que la coproducción no subvencionada debe ser, también, un camino a afianzar. Es necesario sacar mayor partido del trabajo en red y crear lazos fuertes que fortalezcan la financiación de proyectos globales.